En una tarde de máxima pleamar, gris y lluviosa, que pareció ilustrar con profundidad el contenido emotivo del evento, el Astillero Naval Federico Contessi concretó en Mar del Plata la botadura número 156 de su historia con la entrega del buque pesquero San Severo, una nueva unidad costera destinada al puerto de Rawson, en la provincia del Chubut. La embarcación llega para reforzar una de las economías regionales más activas del país, con impacto directo sobre la pesca de langostino, el empleo embarcado, el trabajo industrial en tierra y la generación de divisas.
La ceremonia se realizó este sábado 13 de junio de 2026, bajo lluvia, con presencia de autoridades políticas, navales, empresarias, gremiales y público vinculado a la comunidad pesquera. Como marca la tradición naval, las madrinas de la embarcación, María Elena Peña y Lydia Dora Trivelli, participaron del bautismo previo a la puesta en el agua. El acto tuvo una dimensión técnica evidente, la entrega de un nuevo barco. Pero su sentido sectorial fue más profundo; capital privado volvió a reinvertirse en la actividad pesquera en un momento en el que la rentabilidad, los costos y la competitividad condicionan cada decisión de renovación de flota.
El San Severo fue construido para Armadores del Atlántico SRL, firma integrada por Gustavo González, Adrián Martella y Guillermo González Lemmi. La unidad reemplazará al buque Enrique F y operará desde Rawson, puerto que en los últimos años sostuvo buena parte de la demanda de nuevas construcciones vinculadas al langostino.

La embarcación es de pesca marítima costera, doble cubierta, casco de acero y cabina de aluminio. Fue diseñada íntegramente por el equipo de Ingeniería Naval del astillero bajo la dirección del Ing.Naval Leandro Goñi y constituye la séptima unidad del prototipo 20AC, una línea que ya mostró resultados operativos en Rawson y consolidó una respuesta constructiva ajustada a las necesidades de esa flota.
La botadura tuvo además una carga humana y productiva particular. El presidente del Directorio del astillero, Domingo Contessi, explicó que el buque había comenzado a construirse en stock para mantener activa la planta industrial en un contexto adverso. En su discurso, lo sintetizó con una frase que marcó el tono del acto, “Para evitar despidos, tomamos la decisión de construir un barco para un armador de Mar del Plata, asumiendo su financiación en un contexto de rentabilidad negativa, y de iniciar este prototipo 20 AC para stock.”
La decisión tuvo una lógica empresaria concreta, seguir construyendo para sostener empleo, preservar oficios navales especializados y conservar equipos técnicos formados durante años.
Ese punto ordena la lectura de fondo. Contessi señaló que el astillero pasó de tener más de un centenar de empleados directos a 82 trabajadores, mientras los subcontratistas también redujeron sus dotaciones. En una industria de alta especialización, cada baja implica pérdida de experiencia, ruptura de equipos y deterioro de capacidades que cuesta años reconstruir. El propio titular del astillero lo expresó con crudeza productiva, “Nuestro mayor capital es la gente; desarmar estos equipos y quebrar el ciclo de capacitaciones es un pecado que afectará seriamente nuestra competitividad futura.”
Por eso, un barco nuevo representa mucho más que una obra terminada, expresa horas de trabajo argentino incorporadas a una herramienta productiva que saldrá al mar.
La inversión de los armadores chubutenses permitió completar una construcción que el astillero había iniciado para sostener continuidad fabril. Ese gesto privado aparece en un momento de fuerte presión sobre la pesca argentina. Los costos operativos, los servicios, el transporte y la logística reducen márgenes y condicionan la renovación de unidades. Rawson conserva capacidad inversora por el peso del langostino y por el perfil de sus armadores, aunque el propio acto dejó planteada una advertencia concreta, la competitividad define la posibilidad real de modernizar flota.
Contessi ubicó esa discusión en el centro de la actividad, “Los costos operativos, los servicios, el transporte y la logística general han alcanzado niveles distorsionados que erosionan severamente la rentabilidad de las empresas.” La frase ordena el problema de fondo. La renovación de flota depende de empresas capaces de sostener márgenes, acceder a financiamiento y proyectar actividad en un mercado internacional exigente.
La presencia del gobernador de Chubut, Ignacio Torres, agregó contenido institucional a la jornada. El mandatario valoró que existan empresarios dispuestos a invertir en un escenario de incertidumbre y vinculó esa decisión con la necesidad de discutir rentabilidad, trabajo y beneficios para la provincia. Su planteo colocó a la pesca dentro de una agenda productiva amplia, donde cada barco nuevo tiene efecto sobre el puerto, la industria y la recaudación provincial.
También participó el intendente de Rawson, Damián Biss, quien destacó el peso del langostino como una de las economías regionales más importantes del país y remarcó que la inversión privada convirtió a la flota local en una de las más modernas de la Argentina. Esa modernización tiene traducción operativa, mayor eficiencia, mejores condiciones de seguridad y continuidad para una ciudad que depende en gran medida del movimiento pesquero.
La nueva unidad ratifica además el vínculo productivo entre Mar del Plata y Rawson. El astillero marplatense aportó diseño, ingeniería y construcción naval. Los armadores chubutenses aportaron decisión de inversión y demanda real de flota. En esa convergencia aparece una postal precisa de la Patria productiva, industria naval bonaerense al servicio de una operación pesquera patagónica con destino industrial y exportador.
Contessi utilizó la tribuna para poner en agenda la situación de la pesca fresquera marplatense. Señaló que la rentabilidad en Mar del Plata se deterioró hasta paralizar la renovación de flota. El contraste con Rawson fue directo, mientras el puerto chubutense todavía sostiene nuevas construcciones, la principal terminal pesquera del país enfrenta una crisis estructural que compromete su capacidad de modernización.
El discurso también incorporó una lectura institucional sobre el pedido elevado por cámaras y armadores independientes ante el Consejo Federal Pesquero. Para el astillero, la pesca fresquera marplatense comenzó a expresar una posición común frente a un cuadro de costos, regulación y pérdida de competitividad que requiere respuestas de política sectorial. En ese tramo, Contessi marcó una posición sectorial precisa, “Hace poco la pesca fresquera de Mar del Plata se puso de pie y dijo ¡BASTA!”
La cuestión alcanza al empleo, la seguridad de la flota, el abastecimiento industrial y la capacidad argentina de agregar valor sobre sus recursos pesqueros. La advertencia del astillero se apoyó en una idea de orden institucional, las reformas futuras requieren transparencia, análisis técnico y equilibrio entre los actores de la cadena.
En ese marco, la botadura del San Severo mostró la potencia de una cadena capaz de producir barcos, capturar recursos, abastecer plantas y exportar. También expuso la necesidad de rentabilidad para sostener inversión, modernización y trabajo genuino. El barco que bajó al agua en Mar del Plata es una respuesta privada concreta frente a ese escenario.

El San Severo incorpora una nueva unidad a la flota de Rawson y confirma la capacidad de la industria naval argentina para construir con tecnología, oficio y escala. Cada plano, cada chapa soldada y cada sistema montado forman parte de una estructura productiva que agrega valor antes de que el buque realice su primera marea.
La ceremonia dejó una imagen de época. Bajo la lluvia, con la comunidad pesquera reunida, un nuevo barco tocó el agua para iniciar su vida operativa. Detrás de esa escena hubo una decisión empresaria, una planta industrial que defendió empleo, armadores que apostaron por seguir creciendo y una provincia que recibirá una herramienta más para sostener pesca y exportación.
En tiempos de márgenes estrechos y discusiones de competitividad, el San Severo entra al mar con un mensaje preciso, la pesca argentina necesita inversión, reglas claras y costos compatibles con el mundo para transformar recurso natural en trabajo, valor agregado y divisas. Una botadura empieza en el astillero, pero su verdadero impacto se mide después, cuando el barco produce, emplea, abastece y lleva al exterior el esfuerzo de una cadena nacional.
