Este sábado, el Astillero Naval Federico Contessi y Cía. S.A. volverá a engalanar el puerto de Mar del Plata con la botadura del BP San Severo, su construcción número 156. La nueva unidad fue desarrollada para Armadores del Atlántico S.R.L., firma del empresario Gustavo González, y sumará capacidad operativa a la flota pesquera vinculada a Rawson.
La ceremonia está prevista para el sábado 13 de junio, a partir de las 16, en el Astillero Naval Federico Contessi, ubicado en el puerto marplatense. El acto incluirá el bautismo de la embarcación y su posterior botadura al mar. Las madrinas serán María Elena Peña y Lydia Dora Trivelli.
El San Severo corresponde al prototipo AC20, una serie diseñada por el ingeniero naval Leandro Goñi. Se trata de un buque fresquero multipropósito, con orientación principal a la operatoria tangonera y aptitud para trabajar también con arrastre tradicional y media agua. La unidad fue concebida para la pesca costera y patagónica, con una escala adecuada para mareas de rotación frecuente, descarga regular y abastecimiento de materia prima para plantas en tierra.

El buque posee 20,95 metros de eslora, 7,50 metros de manga moldeada, 3,30 metros de puntal y una velocidad máxima del orden de los 10 nudos. La planta propulsora está integrada por un motor principal Mitsubishi S6R2 T2MPTK3M de 926 HP, acompañado por dos motores auxiliares Scania.
El San Severo se incorpora a una línea que Contessi viene consolidando dentro de la flota fresquera patagónica. El modelo tuvo como antecedente al Espartano y continuó con unidades como Leonilda, Siempre Don Oscar, Gino V, Nuevo María Elena y Sotavento, buques que ratificaron la aplicación del diseño en armadores vinculados a la operatoria de langostino y a puertos de Chubut. La nueva botadura amplía esa misma matriz constructiva: barcos de menor porte relativo, con capacidad de trabajo intensiva y una configuración adaptable a distintas modalidades de pesca. Su área de trabajo cubierta ofrece calidad y confort para la tripulación.
La incorporación del San Severo representa capital aplicado a producción. La obra fue ejecutada en Mar del Plata con mano de obra local, pero su destino operativo estará asociado a Rawson, donde la pesca patagónica requiere unidades disponibles, flota actualizada y continuidad de trabajo sobre especies de alto valor comercial.
En ese punto se ubica la decisión empresaria de Gustavo González. Encargar una embarcación nueva en una etapa de rentabilidad acotada para la pesca implica asumir costos de obra, sostener financiamiento, inmovilizar capital y proyectar actividad futura.

La reinversión en flota adquiere mayor valor cuando el negocio trabaja condicionado por costos crecientes en combustibles, mantenimiento, repuestos, salarios, logística y precios internacionales que presionan los márgenes de utilidad. Detrás de cada botadura hay un empresario que eligió no esperar mejores condiciones, sino crearlas.
Esa decisión no es menor en un sector donde la incertidumbre es parte del paisaje cotidiano. Implica sostener equipos de trabajo durante meses, honrar compromisos con proveedores, afrontar costos financieros y mantener la convicción de que la única forma de crecer es reinvirtiendo. No es una apuesta especulativa sino una filosofía productiva: quien deja de renovar su flota, tarde o temprano deja de operar. Gustavo González, como tantos otros armadores que eligieron ese mismo camino, lo sabe y lo practica. En un contexto donde abundan los motivos para postergar, la decisión de construir expresa una visión de largo plazo que el sector necesita y que pocas veces recibe el reconocimiento que merece.
El mismo esfuerzo se replica en los talleres, galpones y oficinas del astillero. Contessi no es solo una marca, es el resultado acumulado de décadas de oficio, de trabajadores que aprendieron a leer un casco antes de que tome forma, de ingenieros que ajustan planos en función de lo que el mar exige, de proveedores que sostienen su capacidad instalada incluso cuando la demanda afloja. Mantener esa cadena activa requiere una convicción equivalente a la del armador: que la industria naval argentina tiene futuro si quienes la integran siguen apostando a ella con trabajo concreto y capital propio.
La construcción número 156 de Contessi llega en el año del 75° aniversario del astillero. La cifra expone continuidad industrial en un sector donde cada obra requiere planificación, oficio y proveedores con capacidad de respuesta. En la construcción naval pesquera, la permanencia se verifica cuando un nuevo casco llega a grada, completa su proceso constructivo y queda listo para entrar al agua. Uno de los momentos más emotivos para una embarcación.
El AC20 consolidó una plataforma de escala intermedia dentro de la flota fresquera. Su perfil multipropósito, versatilidad, capacidad de maniobra, bodega y confort permite adaptar la operatoria a diferentes esquemas de pesca, con especial peso en la modalidad tangonera. Para un armador, esos atributos tienen lectura económica: mejora la utilización del buque, amplía alternativas de trabajo y permite responder a distintas condiciones de disponibilidad del recurso en un ambiente de confort para la tripulación.
La renovación de flota sigue siendo una necesidad concreta del sistema pesquero argentino. Un buque nuevo reduce dependencia de unidades antiguas, ordena costos técnicos, mejora previsibilidad operativa y baja costos de mantenimiento. En la pesca fresquera, esa previsibilidad incide sobre toda la cadena, desde la salida a marea hasta la descarga y el procesamiento en tierra.

El esfuerzo también corresponde al astillero, sus trabajadores y sus proveedores. Poner un nuevo buque en el agua exige meses de trabajo técnico, coordinación industrial y ejecución precisa. La botadura es la instancia visible de un proceso mucho más extenso, donde la industria naval transforma inversión privada en capacidad productiva.
Para Chubut, la incorporación del San Severo significa una nueva herramienta de trabajo para una flota que sostiene empleo embarcado, actividad portuaria y abastecimiento industrial. La pesca nacional necesita armadores que reinviertan y astilleros nacionales capaces de acompañar esa renovación con construcción local.
Con el San Severo, Armadores del Atlántico suma una nueva unidad para operar sobre el escenario pesquero patagónico. Contessi vuelve a entregar un buque construido en Mar del Plata y confirma la vigencia de una línea naval con valor estratégico para la pesca argentina. La botadura deja una señal concreta: aun con márgenes ajustados, todavía hay armadores que reinvierten y astilleros que sostienen producción nacional con mano de obra local. Y esa combinación, empresario con convicción e industria con capacidad, es la única fórmula que ha demostrado funcionar cuando se trata de construir algo que dure.
